¿Por qué no se calla?
No digo que no sea grande, que lo es. Sin embargo, no puedo compartir la postura de Mercedes Milá en la gala de Gran Hermano. Todos los habituales de El Blog sabéis de mi admiración por esta profesional del periodismo. A pesar de ello, no puedo pasar por alto la falta de neutralidad -cada vez más habitual- de la presentadora por excelencia.
Anoche pudimos acudir a un espectáculo a los que el padre del género reallity nos tiene mal acostumbrados, pero la siempre impulsiva Merceditas no pudo contenerse para dar su opinión sobre uno de los concursantes de la casa de Guadalix. Concretamente vino a apuntar que la actitud del delfín Arturo no estaba siendo la correcta. Es cierto que en esto, la susodicha tiene más razón que una santa. Santa Mercedes la podríamos llamar. En cambio, no hay que olvidar que es la presentadora de un concurso en el que el destino de los participantes depende en un grado bastante elevado de las opiniones que se dan en esta pequeña pantalla de la que venimos hablando.
Es imposible que colaboradores como Kiko Hernández o periodistas como Lydia Lozano nos nieguen su opinión sobre los concursantes, ya que generan un espectáculo secundario a la vez que enriquecen el programa. Lo que no se puede admitir es que desde el mismo espacio y, sobre todo, su propia presentadora que cuenta con tantos adeptos induzcan a la audiencia a generar una opinión similar a la suya. Mayor importancia tiene todo ésto cuando se trata de un programa en el que son los telespectadores los que “deciden” quién es el expulsado cada semana.
Por otra parte, a pesar de esta pequeña crítica, sigo pensando que la Milá es una de las grandes profesionales del medio capaz de llevar a cada uno de sus entrevistados por donde quiere y capaz, también, de realizar una excelente labor al frente de los grandes reportajes a los que nos tiene acostumbrados gracias a su Diario de…



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